En 17 años, las criptomonedas no han demostrado una utilidad real escalable en una amplia variedad de ámbitos. Los casos de uso en el mundo real siguen siendo extremadamente aislados y muy pocos en número, y lo que parecía en 2017-2020 ser una explosión de utilidad ha resultado ser un gran fracaso. Una industria centralizada en manos de unas pocas entidades principales, ilíquida y excesivamente manipulada, no es más que una estafa perpetua que vende sueños inalcanzables por sumas exorbitantes de dinero. La industria de las criptomonedas es una gran tontería, pero la capa tecnológica subyacente
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