A principios de 2025, el mercado de criptomonedas se preparaba para un cierre espectacular. Los analistas hablaban de un desplome criptomonedas imposible de ocurrir en el cuarto trimestre, respaldados por tres pilares aparentemente inamovibles: flujos récord de ETFs, una nueva generación de tesorerías de activos digitales (DATs) actuando como compradores estructurales, y patrones históricos que sugerían que los últimos tres meses del año eran prácticamente una apuesta ganadora. Pero en lugar de fuegos artificiales, lo que vio el mercado fue una implosión que desmanteló cada una de esas narrativas.
Las expectativas que alimentaban el optimismo
Hace apenas unos meses, la confluencia de factores parecía perfecta. Los ETFs de Bitcoin registraban entradas históricas, con BlackRock liderando el camino institucional. Las tesorerías de activos digitales —empresas cotizadas formadas apresuradamente para replicar la estrategia de Michael Saylor y acumular bitcoin como reserva de valor— prometían crear un efecto volante perpetuo: más compras corporativas significarían más demanda, impulsando precios al alza, validando las valuaciones de estos vehículos y permitiéndoles emitir más deuda para futuras compras.
Analistas también desempolvaban gráficos históricos que mostraban que desde 2013, el cuarto trimestre de Bitcoin arrojaba un rendimiento promedio del 77%, con una ganancia media del 47%. Entre 2013 y 2025, ocho de doce trimestres Q4 produjeron ganancias positivas. La única excepción: los mercados bajistas profundos de 2022, 2019, 2018 y 2014.
Añadir a esto la promesa de una administración más receptiva a las criptomonedas en Washington y tasas de interés más bajas, y no resulta sorprendente que muchos creyeran que 2025 terminaría con nuevos máximos históricos para Bitcoin.
El ciclo virtuoso de los DATs se vuelve contra el mercado
El desplome criptomonedas llegó cuando comenzó el repliegue de inversión. La cascada de liquidaciones de $19 mil millones el 10 de octubre abrió un agujero en la profundidad del mercado que perdura hasta hoy. Bitcoin colapsó de $122,500 a $107,000 en cuestión de horas, con caídas porcentuales mucho mayores en el resto del ecosistema.
Pero lo más preocupante fue lo que sucedió después con los DATs. Durante su fase de expansión en primavera, estas empresas acumularon activos agresivamente. Luego, cuando los precios comenzaron a caer en octubre, el ciclo virtuoso se invirtió completamente. Los precios de las acciones de los DATs se desplomaron, muchos por debajo de su valor neto de activos (NAV), eliminando su capacidad de emitir deuda nueva para financiar compras.
Lo que fue un comprador estructural se convirtió en un potencial vendedor forzado. El caso más extremo es el de KindlyMD (NAKA), que vio sus acciones caer tan drásticamente que sus posiciones en Bitcoin ahora valen el doble del valor empresarial de toda la compañía. Ahora, en lugar de convertir dinero fiduciario en criptomonedas, varios DATs están utilizando dólares para recomprar sus propias acciones.
CoinShares advirtió a principios de diciembre que la burbuja de los DATs ya había reventado en muchos aspectos. La preocupación central es que si más compañías como KindlyMD continúan cayendo, podrían enfrentar ventas forzadas que descargarían activos en un mercado ya frágil.
ETFs de altcoins: demanda sin traslación de precios
Mientras la sentencia de muerte se escribía silenciosamente sobre el modelo de DAT, llegó lo que se suponía sería otro catalizador: los ETFs de altcoins al contado en Estados Unidos. Algunos de estos vehículos capturaron flujos notables: los ETFs de Solana acumularon $900 millones desde finales de octubre, mientras que los de XRP superaron los $1,000 millones en apenas un mes.
Sin embargo, esa demanda fuerte no se tradujo en ganancias de precios. SOL ha caído aproximadamente 35% desde el debut de su ETF. XRP ha bajado casi 20%. Otros ETFs de altcoins menores —Hedera (HBAR), Dogecoin (DOGE) y Litecoin (LTC)— registraron prácticamente demanda insignificante a medida que los inversores se retiraban del riesgo.
El patrón fue inequívoco: los ETFs podían atraer capital, pero en un mercado donde el apetito de riesgo se estaba desvaneciendo, ese capital no se traducía en compras genuinas de los activos subyacentes. Era más bien capital defensivo buscando alternativa que demanda alcista genuina.
La promesa de estacionalidad se desmorona
Los datos históricos sobre Bitcoin en el cuarto trimestre eran tan sólidos que era fácil caer en la trampa de asumir que funcionarían nuevamente. Pero 2025 está en camino de convertirse en el peor Q4 para Bitcoin en siete años.
Desde la primera semana de octubre, BTC ha bajado aproximadamente 23%, una caída que sería histórica en cualquier otro contexto. Para el 21 de noviembre, Bitcoin tocó un mínimo local en $80,500, desde donde se recuperó hasta alcanzar $94,500 el 9 de diciembre. Sin embargo, incluso durante esa recuperación, las señales de fortaleza fueron débiles: el interés abierto continuó cayendo, de $30 mil millones a $28 mil millones, según Coinalyze.
La recuperación de precios no fue impulsada por nuevos compradores entrando al mercado, sino por traders cerrando posiciones cortas. Es un tipo de recuperación diferente —menos sostenible— y muy diferente a lo que los alcistas habían prometido.
El vacío de liquidez: la herida que no cicatriza
Dos meses después de la cascada de octubre, la profundidad del mercado no solo no se ha recuperado, sino que ha influido de manera persistente en la confianza de los inversores. Muchos ahora evitan completamente cualquier forma de apalancamiento, una reacción comprensible después de ver las devastaciones de liquidaciones en cascada.
La institucionalización a través de ETFs fue promocionada como la solución definitiva para que las criptomonedas fueran inmunes a este tipo de caídas. La realidad demostró que un mercado históricamente dominado por la euforia especulativa simplemente adoptó nuevas formas de inestabilidad sin resolver los problemas de liquidez subyacentes.
Bitcoin pasó a cotizar actualmente en torno a $90,000 (con datos del 22 de enero de 2026), mostrando volatilidad persistente en un contexto donde la liquidez sigue siendo limitada. Este es el ambiente en el que opera el mercado ahora: más frágil, no menos.
La brecha de rendimiento que reveló la realidad
El desplome criptomonedas de 2025 se destaca por contraste. Mientras Bitcoin cayó aproximadamente 21% desde mediados de octubre, el Nasdaq Composite subió 5.6% en el mismo período y el oro aumentó 6.2%. Criptomonedas fue el peor performer entre todas las categorías de activos supuestamente de riesgo.
Este fracaso relativo subraya dos verdades incómodas: primero, los catalizadores de 2025 no entregaron como se esperaba; segundo, los mercados simplemente no ven catalizadores claros para 2026.
La euforia de principios de año sobre regulaciones más ligeras y una estrategia de Bitcoin en Washington se evaporó. Los recortes de tasas de la Reserva Federal (septiembre, octubre y diciembre) produjeron rendimiento negativo en Bitcoin. Los flujos de ETFs, aunque todavía positivos, perdieron su impulso anterior.
2026: ¿Dónde están los catalizadores?
Para que el mercado se recupere del desplome criptomonedas que dejó cicatrices en 2025, necesita nuevos catalizadores. Actualmente, el consenso es que simplemente no existen de manera clara.
Sin embargo, hay un ángulo histórico a considerar. En pasados mercados bajistas —como el colapso de 2022 que siguió a los fracasos de Celsius, Three Arrows Capital y FTX— las bases para futuras ganancias se construyen precisamente cuando estas empresas comienzan a cerrar y capitular completamente.
El CEO de MicroStrategy, Phong Le, insinuó recientemente que la empresa podría vender Bitcoin si su NAV de mercado (mNAV) cae por debajo de 1.0, aunque vale señalar que la compañía sigue recaudando miles de millones para comprar BTC, por lo que este sigue siendo un escenario de peor caso.
Desde una perspectiva puramente técnica, el mercado ha pasado por suficiente dolor como para que la capitulación pueda estar cercana. Si ese escenario se materializa, histórico-mente ha representado precisamente el tipo de momento en que comprar ha sido más rentable a largo plazo. Pero primero, el desplome criptomonedas debe completar su ciclo.
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Del auge a la caída: El desplome criptomonedas que enterró las promesas de fin de año
A principios de 2025, el mercado de criptomonedas se preparaba para un cierre espectacular. Los analistas hablaban de un desplome criptomonedas imposible de ocurrir en el cuarto trimestre, respaldados por tres pilares aparentemente inamovibles: flujos récord de ETFs, una nueva generación de tesorerías de activos digitales (DATs) actuando como compradores estructurales, y patrones históricos que sugerían que los últimos tres meses del año eran prácticamente una apuesta ganadora. Pero en lugar de fuegos artificiales, lo que vio el mercado fue una implosión que desmanteló cada una de esas narrativas.
Las expectativas que alimentaban el optimismo
Hace apenas unos meses, la confluencia de factores parecía perfecta. Los ETFs de Bitcoin registraban entradas históricas, con BlackRock liderando el camino institucional. Las tesorerías de activos digitales —empresas cotizadas formadas apresuradamente para replicar la estrategia de Michael Saylor y acumular bitcoin como reserva de valor— prometían crear un efecto volante perpetuo: más compras corporativas significarían más demanda, impulsando precios al alza, validando las valuaciones de estos vehículos y permitiéndoles emitir más deuda para futuras compras.
Analistas también desempolvaban gráficos históricos que mostraban que desde 2013, el cuarto trimestre de Bitcoin arrojaba un rendimiento promedio del 77%, con una ganancia media del 47%. Entre 2013 y 2025, ocho de doce trimestres Q4 produjeron ganancias positivas. La única excepción: los mercados bajistas profundos de 2022, 2019, 2018 y 2014.
Añadir a esto la promesa de una administración más receptiva a las criptomonedas en Washington y tasas de interés más bajas, y no resulta sorprendente que muchos creyeran que 2025 terminaría con nuevos máximos históricos para Bitcoin.
El ciclo virtuoso de los DATs se vuelve contra el mercado
El desplome criptomonedas llegó cuando comenzó el repliegue de inversión. La cascada de liquidaciones de $19 mil millones el 10 de octubre abrió un agujero en la profundidad del mercado que perdura hasta hoy. Bitcoin colapsó de $122,500 a $107,000 en cuestión de horas, con caídas porcentuales mucho mayores en el resto del ecosistema.
Pero lo más preocupante fue lo que sucedió después con los DATs. Durante su fase de expansión en primavera, estas empresas acumularon activos agresivamente. Luego, cuando los precios comenzaron a caer en octubre, el ciclo virtuoso se invirtió completamente. Los precios de las acciones de los DATs se desplomaron, muchos por debajo de su valor neto de activos (NAV), eliminando su capacidad de emitir deuda nueva para financiar compras.
Lo que fue un comprador estructural se convirtió en un potencial vendedor forzado. El caso más extremo es el de KindlyMD (NAKA), que vio sus acciones caer tan drásticamente que sus posiciones en Bitcoin ahora valen el doble del valor empresarial de toda la compañía. Ahora, en lugar de convertir dinero fiduciario en criptomonedas, varios DATs están utilizando dólares para recomprar sus propias acciones.
CoinShares advirtió a principios de diciembre que la burbuja de los DATs ya había reventado en muchos aspectos. La preocupación central es que si más compañías como KindlyMD continúan cayendo, podrían enfrentar ventas forzadas que descargarían activos en un mercado ya frágil.
ETFs de altcoins: demanda sin traslación de precios
Mientras la sentencia de muerte se escribía silenciosamente sobre el modelo de DAT, llegó lo que se suponía sería otro catalizador: los ETFs de altcoins al contado en Estados Unidos. Algunos de estos vehículos capturaron flujos notables: los ETFs de Solana acumularon $900 millones desde finales de octubre, mientras que los de XRP superaron los $1,000 millones en apenas un mes.
Sin embargo, esa demanda fuerte no se tradujo en ganancias de precios. SOL ha caído aproximadamente 35% desde el debut de su ETF. XRP ha bajado casi 20%. Otros ETFs de altcoins menores —Hedera (HBAR), Dogecoin (DOGE) y Litecoin (LTC)— registraron prácticamente demanda insignificante a medida que los inversores se retiraban del riesgo.
El patrón fue inequívoco: los ETFs podían atraer capital, pero en un mercado donde el apetito de riesgo se estaba desvaneciendo, ese capital no se traducía en compras genuinas de los activos subyacentes. Era más bien capital defensivo buscando alternativa que demanda alcista genuina.
La promesa de estacionalidad se desmorona
Los datos históricos sobre Bitcoin en el cuarto trimestre eran tan sólidos que era fácil caer en la trampa de asumir que funcionarían nuevamente. Pero 2025 está en camino de convertirse en el peor Q4 para Bitcoin en siete años.
Desde la primera semana de octubre, BTC ha bajado aproximadamente 23%, una caída que sería histórica en cualquier otro contexto. Para el 21 de noviembre, Bitcoin tocó un mínimo local en $80,500, desde donde se recuperó hasta alcanzar $94,500 el 9 de diciembre. Sin embargo, incluso durante esa recuperación, las señales de fortaleza fueron débiles: el interés abierto continuó cayendo, de $30 mil millones a $28 mil millones, según Coinalyze.
La recuperación de precios no fue impulsada por nuevos compradores entrando al mercado, sino por traders cerrando posiciones cortas. Es un tipo de recuperación diferente —menos sostenible— y muy diferente a lo que los alcistas habían prometido.
El vacío de liquidez: la herida que no cicatriza
Dos meses después de la cascada de octubre, la profundidad del mercado no solo no se ha recuperado, sino que ha influido de manera persistente en la confianza de los inversores. Muchos ahora evitan completamente cualquier forma de apalancamiento, una reacción comprensible después de ver las devastaciones de liquidaciones en cascada.
La institucionalización a través de ETFs fue promocionada como la solución definitiva para que las criptomonedas fueran inmunes a este tipo de caídas. La realidad demostró que un mercado históricamente dominado por la euforia especulativa simplemente adoptó nuevas formas de inestabilidad sin resolver los problemas de liquidez subyacentes.
Bitcoin pasó a cotizar actualmente en torno a $90,000 (con datos del 22 de enero de 2026), mostrando volatilidad persistente en un contexto donde la liquidez sigue siendo limitada. Este es el ambiente en el que opera el mercado ahora: más frágil, no menos.
La brecha de rendimiento que reveló la realidad
El desplome criptomonedas de 2025 se destaca por contraste. Mientras Bitcoin cayó aproximadamente 21% desde mediados de octubre, el Nasdaq Composite subió 5.6% en el mismo período y el oro aumentó 6.2%. Criptomonedas fue el peor performer entre todas las categorías de activos supuestamente de riesgo.
Este fracaso relativo subraya dos verdades incómodas: primero, los catalizadores de 2025 no entregaron como se esperaba; segundo, los mercados simplemente no ven catalizadores claros para 2026.
La euforia de principios de año sobre regulaciones más ligeras y una estrategia de Bitcoin en Washington se evaporó. Los recortes de tasas de la Reserva Federal (septiembre, octubre y diciembre) produjeron rendimiento negativo en Bitcoin. Los flujos de ETFs, aunque todavía positivos, perdieron su impulso anterior.
2026: ¿Dónde están los catalizadores?
Para que el mercado se recupere del desplome criptomonedas que dejó cicatrices en 2025, necesita nuevos catalizadores. Actualmente, el consenso es que simplemente no existen de manera clara.
Sin embargo, hay un ángulo histórico a considerar. En pasados mercados bajistas —como el colapso de 2022 que siguió a los fracasos de Celsius, Three Arrows Capital y FTX— las bases para futuras ganancias se construyen precisamente cuando estas empresas comienzan a cerrar y capitular completamente.
El CEO de MicroStrategy, Phong Le, insinuó recientemente que la empresa podría vender Bitcoin si su NAV de mercado (mNAV) cae por debajo de 1.0, aunque vale señalar que la compañía sigue recaudando miles de millones para comprar BTC, por lo que este sigue siendo un escenario de peor caso.
Desde una perspectiva puramente técnica, el mercado ha pasado por suficiente dolor como para que la capitulación pueda estar cercana. Si ese escenario se materializa, histórico-mente ha representado precisamente el tipo de momento en que comprar ha sido más rentable a largo plazo. Pero primero, el desplome criptomonedas debe completar su ciclo.