Acabo de terminar de leer algo que me tiene pensando hace rato. Se trata de cómo un imperio de casinos de criptomonedas valuado en miles de millones de dólares ha estado operando prácticamente sin regulación, usando influencers para atraer a menores y jugadores con problemas de adicción. Y lo más loco es que todo sucede a la vista de todos.



Empecemos con Drake. En agosto de 2025, el rapero canadiense perdió 3.5 millones en bitcoin en 82 minutos jugando tragamonedas en línea en Stake. Pero aquí viene lo interesante: mientras transmitía en vivo frente a decenas de miles de espectadores, el fundador Ed Craven estaba en el chat animándolo, sugiriendo qué juegos jugar, incluso recargando dinero en su cuenta. Drake pasó de perder casi todo a ganar 800 mil dólares en una sola ronda de ruleta. Luego ganó otros 800 mil en un juego llamado Puffer Stake. Su balance se recuperó a 2.2 millones en cuestión de horas.

Ahora bien, Bloomberg Businessweek analizó 500 horas de transmisiones en vivo de jugadores en Stake y encontró algo extraño: Drake gana premios mayores a una tasa cuatro veces superior al promedio. Mientras que un jugador normal gana un gran premio cada 10 mil giros, Drake lo hace cada 2,500. Y no es solo él. Adin Ross, otro streamer de Kick (la plataforma de transmisión que Craven también fundó), tiene tasas de victoria igualmente anómalas en los juegos de la matriz de Stake, pero tasas normales en juegos de terceros. Cuando le preguntaron, Craven negó que manipulen las cuotas, pero los números hablan por sí solos.

Stake se ha convertido en el casino de criptomonedas más grande del mundo. Está casi completamente sin regulación, tiene sede en Australia pero está registrado en Curazao. Recibe al menos 127 millones de visitas mensuales y procesa 10 mil millones de apuestas mensuales, aproximadamente el 4% del volumen anual de Bitcoin. El imperio de Stake reportó ingresos de 47 mil millones de dólares en 2024, un aumento del 80% desde 2022. Esto es un negocio masivo operando en las sombras.

Lo que me preocupa es cómo llegaron ahí. Hace años, Craven y sus amigos comenzaron a hacer apuestas en RuneScape, un juego online. Luego crearon Primedice, un sitio para apostar bitcoin. Cuando los abogados les dijeron que cerraran por problemas legales, en lugar de parar, simplemente se mudaron a Australia y lanzaron Stake. Uno de los cofundadores originales, Christopher Freeman, afirma que fue engañado y excluido del proyecto. Presentó una demanda buscando millones en daños, pero Stake la desestimó por cuestiones de jurisdicción.

Pero la parte más oscura es cómo usan a los influencers. En 2021, cuando Twitch prohibió las transmisiones de apuestas criptográficas, Craven simplemente fundó Kick como alternativa. Luego contrató a miles de editores para viralizar videos de influencers ganando premios millonarios. Algunos streamers reciben entre 45 y 50 millones de dólares en criptomonedas por semana. Trainwreckstv recibió 360 millones en 16 meses. Ross ha recibido al menos 26 mil ETH (78 millones de dólares) desde noviembre de 2021.

Lo brutal es que muchos de estos influencers no están usando dinero real. Según exempleados de Easygo, algunos streamers comienzan con cuentas precargadas con cientos de miles de dólares en fondos de la plataforma. Ganan, celebran como locos, pero no pueden retirar todo. Es esencialmente un anuncio motivacional para que otros jugadores pierdan dinero real.

Hablemos de Chris, un chico sueco que tenía 15 años cuando se registró en Stake. Sin verificación de identidad, sin KYC. Comenzó con pequeñas apuestas pero pronto estaba depositando 14 bitcoins (100 mil dólares en ese momento). Ed Craven mismo se convirtió en su gerente VIP. Durante la pandemia, mientras estaba en la escuela, Chris apostaba entre 10 y 40 mil dólares en bitcoin semanalmente. Solicitó autoexclusión múltiples veces pero Stake le daba un período de reflexión de 24 horas. Craven simplemente le ofrecía más recompensas y límites de apuesta más altos. En siete años, Chris perdió 1.5 millones de dólares. Si no hubiera apostado eso, hoy valdría entre 15 y 20 millones.

Y Chris no es un caso aislado. Stake opera en jurisdicciones donde es ilegal, pero los usuarios simplemente usan VPN. Incluso los empleados australianos de Easygo lo hacen. Stake está bloqueado en Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Australia, pero sigue prosperando. Cuando fue prohibido en el Reino Unido en febrero del año pasado, simplemente continuó a través de Kick, argumentando que son entidades independientes.

Pero aquí está lo absurdo: ambas empresas tienen la misma matriz (Easygo), el mismo fundador (Craven), empleados que trabajan para ambas, la misma oficina en Melbourne, y superponen sus estrategias de marketing. Sin embargo, legalmente Craven sostiene que son independientes. Es un juego de palabras corporativo.

La estructura de Stake es deliberadamente compleja. La entidad con licencia en Curazao es Medium Rare NV. La sede corporativa está en Australia. El procesamiento de pagos en Chipre. Desarrolladores en Reino Unido, call centers en Serbia, subsidiarias en Brasil, Italia y Canadá. Es casi imposible rastrear o regular.

Curazao supuestamente regula esto, pero es un chiste. La licencia está registrada en una pequeña oficina frente a un cementerio. Cuando finalmente la fiscalía de Curazao tomó acción en julio de 2025, solo multó a 12 entidades con 12,500 dólares cada una. Para Stake, eso es aproximadamente un minuto y medio de ingresos por apuestas. Es el tipo de regulación que básicamente no existe.

Lo que me fascinó del reportaje es cómo Craven continúa viviendo lujosamente. Posee una mansión en Melbourne que compró en 2022 por 80 millones de dólares australianos. Una flota de Land Rovers. Mientras tanto, hay demandas en Estados Unidos de menores que perdieron fortunas, demandas de jugadores adictos, investigaciones de la FTC sobre publicidad engañosa de influencers.

Los números son claros: esto es un imperio de miles de millones de dólares construido sobre la adicción, la explotación de menores, y regulación prácticamente inexistente. Y lo más irónico es que todo sucede en transmisión en vivo, con millones de espectadores viendo a influencers ganar (aparentemente) fortunas masivas mientras otros pierden todo.

Chris finalmente se alejó en noviembre de 2024 después de siete años. Pero dice que es casi imposible evitar el contenido de Stake en redes sociales. Incluso cuentas de memes populares publican videos con el logo de Stake. Y él sigue recibiendo cientos de dólares mensuales en ingresos por referidos, recordándole constantemente a cuántas personas animó a registrarse.

Esta es la realidad del imperio de Stake: un negocio de miles de millones de dólares operando en los vacíos legales, usando psicología del juego, influencers con millones de seguidores, y la falta de regulación internacional para extraer dinero de personas vulnerables. Y nadie parece poder detenerlo.
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