La trayectoria de los hermanos Winklevoss nos enseña una lección profunda: los verdaderos ganadores no son aquellos que nunca fracasan, sino quienes toman decisiones correctas después de fracasar. Estos gemelos, desde deportistas de remo hasta emprendedores en Silicon Valley y luego creyentes en las criptomonedas, cada punto de inflexión surgió de una decisión clave.
La perfección simétrica en el espejo: de Connecticut a Harvard
El 21 de agosto de 1981, Tyler y Cameron Winklevoss nacieron en Greenwich, Connecticut. No solo son gemelos, sino que son un espejo perfecto: Cameron es zurdo y Tyler diestro, una simetría perfecta que los acompañó toda su vida.
En su adolescencia, ambos demostraron un talento excepcional. A los 13 años aprendieron HTML y diseñaron páginas web para empresas locales. Al ingresar a la secundaria, fundaron su primera compañía en internet. Pero lo que realmente cambió su rumbo fue el remo. En la escuela rural de Greenwich y luego en la escuela Brown Shriver, descubrieron la fascinación por este deporte: en una embarcación de ocho, cada segundo cuenta, y la coordinación perfecta requiere una comprensión profunda de los compañeros y decisiones rápidas bajo presión.
La experiencia en remo no solo los convirtió en atletas de élite, sino que también moldeó su forma de pensar. Tras ingresar a Harvard en 2000, los hermanos Winklevoss se unieron al equipo de remo masculino, participando en diversas competencias de alto nivel. En 2004, ayudaron a que el “Equipo Elegido de Harvard” lograra el Grand Slam del año académico: ganar la regata de la Costa Este, el Campeonato de la Asociación Universitaria de Remo de EE. UU. y la legendaria carrera Harvard-Yale. En los Juegos Panamericanos de 2007, Cameron ganó oro en la prueba de ocho y plata en cuatro; en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, los hermanos lograron el sexto lugar en doble sin timonel, convirtiéndose en remeros de clase mundial.
Emprendimiento en la universidad y enfrentamiento en los tribunales: la pérdida de HarvardConnection
En diciembre de 2002, aún en Harvard, los hermanos Winklevoss tuvieron una idea: crear una red social exclusiva para estudiantes de élite. La llamaron HarvardConnection (más tarde renombrada ConnectU), imaginando que esa plataforma se viralizaría entre los estudiantes.
El problema era que ninguno de los dos era programador. Necesitaban un genio tecnológico para hacer realidad esa visión. En octubre de 2003, en el restaurante Kirkland de Harvard, encontraron a esa persona: Mark Zuckerberg, un estudiante de segundo año de ciencias de la computación que entonces no era muy conocido.
Al principio, Zuckerberg pareció muy interesado. Escuchó atentamente el plan, preguntó por detalles técnicos y prometió participar en el desarrollo. Todo iba bien durante varias semanas, hasta el 11 de enero de 2004. La colaboración que esperaban los Winklevoss no se materializó; en su lugar, apareció un nuevo dominio: thefacebook.com. Cuatro días después, Zuckerberg lanzó Facebook. Los hermanos Winklevoss se enteraron a través de un artículo del Harvard Crimson que su asesor técnico ya era su competidor.
Los cuatro años siguientes fueron una larga guerra legal. En 2004, ConnectU demandó a Facebook, acusando a Zuckerberg de robar su idea y de un acuerdo verbal. En ese proceso, los hermanos Winklevoss inadvertidamente se convirtieron en los observadores más cercanos del crecimiento de Facebook: vieron cómo la plataforma se expandía desde Harvard a otras universidades, luego a colegios secundarios y finalmente a todo el mundo. Analizaron la curva de crecimiento de usuarios, el modelo de negocio y los efectos de red. Antes de un acuerdo, su comprensión de Facebook podía ser más profunda que la de cualquier outsider.
La primera gran apuesta: preferir acciones en lugar de efectivo
En 2008, en un acuerdo judicial, Facebook aceptó pagar 65 millones de dólares. Frente a esa suma, la mayoría optaría por efectivo. Pero los hermanos Winklevoss tomaron una decisión diferente.
Delante de abogados, Tyler miró a Cameron y dijo una frase que cambiaría sus vidas: “Elegimos acciones.”
Los abogados se miraron sorprendidos. En ese momento, Facebook seguía siendo una compañía privada, y esas acciones podrían no valer nada si la empresa quebraba. El efectivo era tangible, las acciones eran una apuesta. Pero esa apuesta cambió todo.
Cuando Facebook salió a bolsa en 2012, esa compensación de 4.500 millones de dólares en acciones valía casi 500 millones de dólares. Los hermanos Winklevoss demostraron una lección: no solo perdieron una idea, sino que lo que ganaron al final fue mucho más que su fracaso. Encontrar victoria en la derrota, esa es la verdadera esencia de esa primera gran apuesta.
La lección tras el rechazo: el “veneno dorado” de Silicon Valley
La enorme rentabilidad de Facebook parecía abrir todas las puertas. Pero, en realidad, fue todo lo contrario. Como inversores ángeles, los hermanos Winklevoss descubrieron que muchas startups en Silicon Valley rechazaban su dinero. La razón era simple: Mark Zuckerberg nunca invertiría en empresas relacionadas con los Winklevoss. Su riqueza se convirtió en un “veneno”.
Atrapados y rechazados, los hermanos huyeron a Ibiza. En una discoteca, un desconocido, David Azar, les entregó un billete de dólar y solo dijo una palabra: “Revolución.”
En la playa, David les explicó qué era Bitcoin: una moneda digital completamente descentralizada, con un suministro máximo de 21 millones. Como graduados de economía en Harvard, los hermanos Winklevoss vieron de inmediato la esencia: Bitcoin es oro digital, con todas las propiedades que le han dado valor a oro en la historia, pero aún mejor.
La segunda gran apuesta: todo en la revolución cripto
En 2013, cuando Wall Street aún debatía qué era la criptomoneda, los hermanos Winklevoss ya habían actuado. Invirtieron 11 millones de dólares en Bitcoin, cuando el precio era 100 dólares. Esa inversión representaba aproximadamente el 1% de todos los Bitcoin en circulación en ese momento, cerca de 100,000 monedas.
Imagina la escena: dos atletas olímpicos, estudiantes de Harvard, con oportunidades ilimitadas, apostando millones en algo que la mayoría consideraba relacionado con traficantes y anarquistas. Sus amigos seguramente pensaron que estaban locos.
Pero los hermanos Winklevoss una vez más tomaron una decisión visionaria. Su lógica era: si Bitcoin se convierte en una nueva moneda, los primeros en adoptarla obtendrán ganancias enormes; si fracasan, podrán soportar la pérdida.
En 2017, cuando Bitcoin alcanzó los 20,000 dólares, sus 11 millones de dólares se convirtieron en más de 1.000 millones. Los hermanos Winklevoss se convirtieron en los primeros multimillonarios en Bitcoin confirmados en el mundo. Pero lo realmente importante no es esa cifra, sino su visión del mercado: en lugares donde otros no miran, los Winklevoss ya vieron el futuro.
De inversores a constructores: el nacimiento de Gemini
Los hermanos Winklevoss no solo se quedaron esperando que Bitcoin subiera de valor. Comenzaron a construir infraestructura. Winklevoss Capital financió la nueva economía digital con fondos semilla: apoyando exchanges (como BitInstant), infraestructura blockchain, herramientas de almacenamiento, plataformas de análisis y luego proyectos DeFi y NFT. Su portafolio abarca desde desarrolladores de protocolos como Protocol Labs hasta empresas que proporcionan infraestructura energética para minería.
Pero en 2014, el ecosistema enfrentó una crisis. El CEO de BitInstant, Charlie Shrem, fue arrestado en el aeropuerto, acusado de lavado de dinero relacionado con Silk Road. BitInstant tuvo que cerrar. Mt. Gox, la mayor plataforma de intercambio de Bitcoin, sufrió un ataque hacker y perdió 800,000 BTC. La infraestructura en la que invirtieron los Winklevoss colapsó, y el mercado de Bitcoin entró en caos.
Pero en medio del caos, vieron una oportunidad. La comunidad cripto necesitaba empresas legítimas y reguladas. Ese año, fundaron Gemini, que se convertiría en uno de los exchanges regulados más antiguos en EE. UU.
Mientras otras plataformas operaban en zonas grises legales, Gemini colaboró con las autoridades regulatorias de Nueva York, estableciendo un marco transparente de cumplimiento. Los Winklevoss entendieron que para que las criptomonedas sean mainstream, se necesita infraestructura a nivel institucional. La Oficina de Servicios Financieros de Nueva York otorgó a Gemini la licencia de fideicomiso, convirtiéndola en uno de los primeros exchanges de Bitcoin con licencia en EE. UU.
Para 2021, la valoración de Gemini alcanzó los 7.100 millones de dólares, con los hermanos Winklevoss controlando al menos el 75%. Hoy, esa plataforma administra más de 10.000 millones de dólares en activos y soporta más de 80 criptomonedas. A través de Winklevoss Capital, han invertido en 23 proyectos cripto, incluyendo la ronda de financiación de Filecoin en 2017 y Protocol Labs.
Los hermanos Winklevoss no enfrentan a los reguladores, sino que intentan educarlos. No buscan arbitraje regulatorio, sino que desde el principio integraron la conformidad en sus productos. Esa estrategia ha hecho de Gemini uno de los exchanges más confiables del sector.
Apuestas políticas y compromiso social
Tras dejar huella en el ecosistema cripto, los hermanos Winklevoss continúan con su estrategia. En 2024, ambos donaron 1 millón de dólares en Bitcoin a la campaña presidencial de Donald Trump, buscando posicionarse como defensores de políticas pro-cripto. Sus donaciones superaron los límites federales, y algunos fondos fueron devueltos, pero dejaron clara su postura.
También criticaron abiertamente al presidente de la SEC, Gary Gensler, por su enfoque demasiado agresivo en la regulación. La lucha con las autoridades no solo afecta su vida personal, sino también sus negocios. La demanda de la SEC contra Gemini amenaza directamente su modelo de negocio. En junio de 2025, Gemini presentó en secreto su solicitud de IPO, dando un paso importante hacia los mercados financieros tradicionales.
Según la evaluación actual de Forbes, la fortuna neta de los hermanos Winklevoss ronda los 4.400 millones de dólares, con un patrimonio total cercano a los 9.000 millones, siendo la mayor parte en activos cripto. Sus holdings incluyen aproximadamente 70,000 BTC (valorados en unos 4.480 millones de dólares), además de Ethereum, Filecoin y otros activos digitales.
En su vida personal, en febrero de 2025, los hermanos Winklevoss se convirtieron en parte del equipo de la liga inglesa de octava división Real Bedford, con una inversión de 4.5 millones de dólares. Colaboraron con el podcaster de cripto Peter McCormack para intentar llevar a este equipo semi profesional a la Premier League. Su padre, Howard, también donó en 2024 4 millones de dólares en Bitcoin a Grove City College, marcando la primera vez que esa universidad recibe una donación en Bitcoin, para financiar la nueva Winklevoss Business School. Además, los hermanos donaron 10 millones de dólares a su alma mater, Greenwich Country Day School, la mayor donación en la historia de la institución.
Han declarado públicamente que, incluso si el valor de Bitcoin alcanza el nivel del oro, no venderán sus bitcoins. Esto refleja no solo confianza en el valor del activo, sino también un compromiso con su filosofía: Bitcoin no solo es una reserva de valor, sino una revolución que cambiará fundamentalmente la moneda.
Dos decisiones que cambiaron su trayectoria
Las revelaciones del Harvard Crimson sobre la traición de Zuckerberg y la revolución iniciada con el billete de dólar en la playa de Ibiza marcaron momentos clave en que los hermanos Winklevoss aprendieron a ver lo que otros no pueden.
En el fracaso de Facebook, tomaron una decisión que parecía loca: preferir acciones en lugar de efectivo. Y tras ser rechazados en Silicon Valley, una vez más tomaron una decisión visionaria: apostar todo en algo que la mayoría ridiculizaba.
Esa es la historia de los hermanos Winklevoss. Fueron considerados los que se perdieron la fiesta. Pero en realidad, solo llegaron más temprano a la próxima fiesta.
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Las dos apuestas millonarias de los hermanos Winklevoss: desde la derrota en Facebook hasta la leyenda de Bitcoin
La trayectoria de los hermanos Winklevoss nos enseña una lección profunda: los verdaderos ganadores no son aquellos que nunca fracasan, sino quienes toman decisiones correctas después de fracasar. Estos gemelos, desde deportistas de remo hasta emprendedores en Silicon Valley y luego creyentes en las criptomonedas, cada punto de inflexión surgió de una decisión clave.
La perfección simétrica en el espejo: de Connecticut a Harvard
El 21 de agosto de 1981, Tyler y Cameron Winklevoss nacieron en Greenwich, Connecticut. No solo son gemelos, sino que son un espejo perfecto: Cameron es zurdo y Tyler diestro, una simetría perfecta que los acompañó toda su vida.
En su adolescencia, ambos demostraron un talento excepcional. A los 13 años aprendieron HTML y diseñaron páginas web para empresas locales. Al ingresar a la secundaria, fundaron su primera compañía en internet. Pero lo que realmente cambió su rumbo fue el remo. En la escuela rural de Greenwich y luego en la escuela Brown Shriver, descubrieron la fascinación por este deporte: en una embarcación de ocho, cada segundo cuenta, y la coordinación perfecta requiere una comprensión profunda de los compañeros y decisiones rápidas bajo presión.
La experiencia en remo no solo los convirtió en atletas de élite, sino que también moldeó su forma de pensar. Tras ingresar a Harvard en 2000, los hermanos Winklevoss se unieron al equipo de remo masculino, participando en diversas competencias de alto nivel. En 2004, ayudaron a que el “Equipo Elegido de Harvard” lograra el Grand Slam del año académico: ganar la regata de la Costa Este, el Campeonato de la Asociación Universitaria de Remo de EE. UU. y la legendaria carrera Harvard-Yale. En los Juegos Panamericanos de 2007, Cameron ganó oro en la prueba de ocho y plata en cuatro; en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, los hermanos lograron el sexto lugar en doble sin timonel, convirtiéndose en remeros de clase mundial.
Emprendimiento en la universidad y enfrentamiento en los tribunales: la pérdida de HarvardConnection
En diciembre de 2002, aún en Harvard, los hermanos Winklevoss tuvieron una idea: crear una red social exclusiva para estudiantes de élite. La llamaron HarvardConnection (más tarde renombrada ConnectU), imaginando que esa plataforma se viralizaría entre los estudiantes.
El problema era que ninguno de los dos era programador. Necesitaban un genio tecnológico para hacer realidad esa visión. En octubre de 2003, en el restaurante Kirkland de Harvard, encontraron a esa persona: Mark Zuckerberg, un estudiante de segundo año de ciencias de la computación que entonces no era muy conocido.
Al principio, Zuckerberg pareció muy interesado. Escuchó atentamente el plan, preguntó por detalles técnicos y prometió participar en el desarrollo. Todo iba bien durante varias semanas, hasta el 11 de enero de 2004. La colaboración que esperaban los Winklevoss no se materializó; en su lugar, apareció un nuevo dominio: thefacebook.com. Cuatro días después, Zuckerberg lanzó Facebook. Los hermanos Winklevoss se enteraron a través de un artículo del Harvard Crimson que su asesor técnico ya era su competidor.
Los cuatro años siguientes fueron una larga guerra legal. En 2004, ConnectU demandó a Facebook, acusando a Zuckerberg de robar su idea y de un acuerdo verbal. En ese proceso, los hermanos Winklevoss inadvertidamente se convirtieron en los observadores más cercanos del crecimiento de Facebook: vieron cómo la plataforma se expandía desde Harvard a otras universidades, luego a colegios secundarios y finalmente a todo el mundo. Analizaron la curva de crecimiento de usuarios, el modelo de negocio y los efectos de red. Antes de un acuerdo, su comprensión de Facebook podía ser más profunda que la de cualquier outsider.
La primera gran apuesta: preferir acciones en lugar de efectivo
En 2008, en un acuerdo judicial, Facebook aceptó pagar 65 millones de dólares. Frente a esa suma, la mayoría optaría por efectivo. Pero los hermanos Winklevoss tomaron una decisión diferente.
Delante de abogados, Tyler miró a Cameron y dijo una frase que cambiaría sus vidas: “Elegimos acciones.”
Los abogados se miraron sorprendidos. En ese momento, Facebook seguía siendo una compañía privada, y esas acciones podrían no valer nada si la empresa quebraba. El efectivo era tangible, las acciones eran una apuesta. Pero esa apuesta cambió todo.
Cuando Facebook salió a bolsa en 2012, esa compensación de 4.500 millones de dólares en acciones valía casi 500 millones de dólares. Los hermanos Winklevoss demostraron una lección: no solo perdieron una idea, sino que lo que ganaron al final fue mucho más que su fracaso. Encontrar victoria en la derrota, esa es la verdadera esencia de esa primera gran apuesta.
La lección tras el rechazo: el “veneno dorado” de Silicon Valley
La enorme rentabilidad de Facebook parecía abrir todas las puertas. Pero, en realidad, fue todo lo contrario. Como inversores ángeles, los hermanos Winklevoss descubrieron que muchas startups en Silicon Valley rechazaban su dinero. La razón era simple: Mark Zuckerberg nunca invertiría en empresas relacionadas con los Winklevoss. Su riqueza se convirtió en un “veneno”.
Atrapados y rechazados, los hermanos huyeron a Ibiza. En una discoteca, un desconocido, David Azar, les entregó un billete de dólar y solo dijo una palabra: “Revolución.”
En la playa, David les explicó qué era Bitcoin: una moneda digital completamente descentralizada, con un suministro máximo de 21 millones. Como graduados de economía en Harvard, los hermanos Winklevoss vieron de inmediato la esencia: Bitcoin es oro digital, con todas las propiedades que le han dado valor a oro en la historia, pero aún mejor.
La segunda gran apuesta: todo en la revolución cripto
En 2013, cuando Wall Street aún debatía qué era la criptomoneda, los hermanos Winklevoss ya habían actuado. Invirtieron 11 millones de dólares en Bitcoin, cuando el precio era 100 dólares. Esa inversión representaba aproximadamente el 1% de todos los Bitcoin en circulación en ese momento, cerca de 100,000 monedas.
Imagina la escena: dos atletas olímpicos, estudiantes de Harvard, con oportunidades ilimitadas, apostando millones en algo que la mayoría consideraba relacionado con traficantes y anarquistas. Sus amigos seguramente pensaron que estaban locos.
Pero los hermanos Winklevoss una vez más tomaron una decisión visionaria. Su lógica era: si Bitcoin se convierte en una nueva moneda, los primeros en adoptarla obtendrán ganancias enormes; si fracasan, podrán soportar la pérdida.
En 2017, cuando Bitcoin alcanzó los 20,000 dólares, sus 11 millones de dólares se convirtieron en más de 1.000 millones. Los hermanos Winklevoss se convirtieron en los primeros multimillonarios en Bitcoin confirmados en el mundo. Pero lo realmente importante no es esa cifra, sino su visión del mercado: en lugares donde otros no miran, los Winklevoss ya vieron el futuro.
De inversores a constructores: el nacimiento de Gemini
Los hermanos Winklevoss no solo se quedaron esperando que Bitcoin subiera de valor. Comenzaron a construir infraestructura. Winklevoss Capital financió la nueva economía digital con fondos semilla: apoyando exchanges (como BitInstant), infraestructura blockchain, herramientas de almacenamiento, plataformas de análisis y luego proyectos DeFi y NFT. Su portafolio abarca desde desarrolladores de protocolos como Protocol Labs hasta empresas que proporcionan infraestructura energética para minería.
Pero en 2014, el ecosistema enfrentó una crisis. El CEO de BitInstant, Charlie Shrem, fue arrestado en el aeropuerto, acusado de lavado de dinero relacionado con Silk Road. BitInstant tuvo que cerrar. Mt. Gox, la mayor plataforma de intercambio de Bitcoin, sufrió un ataque hacker y perdió 800,000 BTC. La infraestructura en la que invirtieron los Winklevoss colapsó, y el mercado de Bitcoin entró en caos.
Pero en medio del caos, vieron una oportunidad. La comunidad cripto necesitaba empresas legítimas y reguladas. Ese año, fundaron Gemini, que se convertiría en uno de los exchanges regulados más antiguos en EE. UU.
Mientras otras plataformas operaban en zonas grises legales, Gemini colaboró con las autoridades regulatorias de Nueva York, estableciendo un marco transparente de cumplimiento. Los Winklevoss entendieron que para que las criptomonedas sean mainstream, se necesita infraestructura a nivel institucional. La Oficina de Servicios Financieros de Nueva York otorgó a Gemini la licencia de fideicomiso, convirtiéndola en uno de los primeros exchanges de Bitcoin con licencia en EE. UU.
Para 2021, la valoración de Gemini alcanzó los 7.100 millones de dólares, con los hermanos Winklevoss controlando al menos el 75%. Hoy, esa plataforma administra más de 10.000 millones de dólares en activos y soporta más de 80 criptomonedas. A través de Winklevoss Capital, han invertido en 23 proyectos cripto, incluyendo la ronda de financiación de Filecoin en 2017 y Protocol Labs.
Los hermanos Winklevoss no enfrentan a los reguladores, sino que intentan educarlos. No buscan arbitraje regulatorio, sino que desde el principio integraron la conformidad en sus productos. Esa estrategia ha hecho de Gemini uno de los exchanges más confiables del sector.
Apuestas políticas y compromiso social
Tras dejar huella en el ecosistema cripto, los hermanos Winklevoss continúan con su estrategia. En 2024, ambos donaron 1 millón de dólares en Bitcoin a la campaña presidencial de Donald Trump, buscando posicionarse como defensores de políticas pro-cripto. Sus donaciones superaron los límites federales, y algunos fondos fueron devueltos, pero dejaron clara su postura.
También criticaron abiertamente al presidente de la SEC, Gary Gensler, por su enfoque demasiado agresivo en la regulación. La lucha con las autoridades no solo afecta su vida personal, sino también sus negocios. La demanda de la SEC contra Gemini amenaza directamente su modelo de negocio. En junio de 2025, Gemini presentó en secreto su solicitud de IPO, dando un paso importante hacia los mercados financieros tradicionales.
Según la evaluación actual de Forbes, la fortuna neta de los hermanos Winklevoss ronda los 4.400 millones de dólares, con un patrimonio total cercano a los 9.000 millones, siendo la mayor parte en activos cripto. Sus holdings incluyen aproximadamente 70,000 BTC (valorados en unos 4.480 millones de dólares), además de Ethereum, Filecoin y otros activos digitales.
En su vida personal, en febrero de 2025, los hermanos Winklevoss se convirtieron en parte del equipo de la liga inglesa de octava división Real Bedford, con una inversión de 4.5 millones de dólares. Colaboraron con el podcaster de cripto Peter McCormack para intentar llevar a este equipo semi profesional a la Premier League. Su padre, Howard, también donó en 2024 4 millones de dólares en Bitcoin a Grove City College, marcando la primera vez que esa universidad recibe una donación en Bitcoin, para financiar la nueva Winklevoss Business School. Además, los hermanos donaron 10 millones de dólares a su alma mater, Greenwich Country Day School, la mayor donación en la historia de la institución.
Han declarado públicamente que, incluso si el valor de Bitcoin alcanza el nivel del oro, no venderán sus bitcoins. Esto refleja no solo confianza en el valor del activo, sino también un compromiso con su filosofía: Bitcoin no solo es una reserva de valor, sino una revolución que cambiará fundamentalmente la moneda.
Dos decisiones que cambiaron su trayectoria
Las revelaciones del Harvard Crimson sobre la traición de Zuckerberg y la revolución iniciada con el billete de dólar en la playa de Ibiza marcaron momentos clave en que los hermanos Winklevoss aprendieron a ver lo que otros no pueden.
En el fracaso de Facebook, tomaron una decisión que parecía loca: preferir acciones en lugar de efectivo. Y tras ser rechazados en Silicon Valley, una vez más tomaron una decisión visionaria: apostar todo en algo que la mayoría ridiculizaba.
Esa es la historia de los hermanos Winklevoss. Fueron considerados los que se perdieron la fiesta. Pero en realidad, solo llegaron más temprano a la próxima fiesta.