Muchas personas sienten una confusión en sus relaciones: están creciendo, mientras que la otra mitad parece estancada, y así surgen conflictos constantes. En efecto, no todos los conflictos son causados por un problema en la relación en sí, sino por vivir en juicios y fantasías mentales, usando “deberías crecer” para enfrentarse a la realidad del momento. Cuando una persona no vive desde el corazón y el amor, es fácil proyectar su ansiedad, expectativas y comparaciones en la otra persona, tomar problemas falsos como reales, y así crear conflictos innecesarios. Pero esto no significa que todas las disputas sean solo pensamientos ilusorios. Vivir en el presente de verdad no es evadir los conflictos de la realidad, sino ver con honestidad qué está sucediendo en el momento presente. Si en el presente necesitas cocinar, simplemente cocina; si quieres expresar amor, abraza y acompaña; y si en el momento te sientes cansado, herido o agotado, también necesitas reconocerlo sinceramente, en lugar de reprimirte con “práctica” o “tolerancia”. Vivir en amor no equivale a soportar todo. El amor se preocupa por los sentimientos del otro y también respeta tus propios límites. Cuando la otra persona rechaza comunicarse a largo plazo, evade responsabilidades o responde a tus expresiones auténticas con confrontación, estos conflictos no son solo fantasías, sino un desequilibrio real en la relación. En ese momento, seguir exigiéndote “dejar de juzgar” puede ser una forma de alejarte de ti mismo. El verdadero crecimiento no consiste en intentar que la otra persona cambie, ni en forzar a uno mismo a no sentir dolor, sino en volver la atención hacia uno mismo, preguntando honestamente: en esta relación, ¿estoy siendo cada vez más auténtico, estable y libre? Si dejo de esperar que la otra persona crezca, ¿todavía estaré dispuesto a seguir en la relación en mi estado actual? Cuando una persona vive verdaderamente desde el corazón, su interior se vuelve cada vez más claro y fuerte. Esa claridad no solo se refleja en la tolerancia y la compasión, sino también en la valentía de establecer límites, aceptar incomodidades e incluso optar por irse. Entonces, quizás entenderás que no todos los conflictos provienen de fantasías, ni todas las relaciones pueden soportar el crecimiento de una persona. La verdadera plenitud no consiste en que todos nos caigan bien, sino en no engañarnos a nosotros mismos ni forzar a nadie.
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Muchas personas sienten una confusión en sus relaciones: están creciendo, mientras que la otra mitad parece estancada, y así surgen conflictos constantes. En efecto, no todos los conflictos son causados por un problema en la relación en sí, sino por vivir en juicios y fantasías mentales, usando “deberías crecer” para enfrentarse a la realidad del momento. Cuando una persona no vive desde el corazón y el amor, es fácil proyectar su ansiedad, expectativas y comparaciones en la otra persona, tomar problemas falsos como reales, y así crear conflictos innecesarios. Pero esto no significa que todas las disputas sean solo pensamientos ilusorios. Vivir en el presente de verdad no es evadir los conflictos de la realidad, sino ver con honestidad qué está sucediendo en el momento presente. Si en el presente necesitas cocinar, simplemente cocina; si quieres expresar amor, abraza y acompaña; y si en el momento te sientes cansado, herido o agotado, también necesitas reconocerlo sinceramente, en lugar de reprimirte con “práctica” o “tolerancia”. Vivir en amor no equivale a soportar todo. El amor se preocupa por los sentimientos del otro y también respeta tus propios límites. Cuando la otra persona rechaza comunicarse a largo plazo, evade responsabilidades o responde a tus expresiones auténticas con confrontación, estos conflictos no son solo fantasías, sino un desequilibrio real en la relación. En ese momento, seguir exigiéndote “dejar de juzgar” puede ser una forma de alejarte de ti mismo. El verdadero crecimiento no consiste en intentar que la otra persona cambie, ni en forzar a uno mismo a no sentir dolor, sino en volver la atención hacia uno mismo, preguntando honestamente: en esta relación, ¿estoy siendo cada vez más auténtico, estable y libre? Si dejo de esperar que la otra persona crezca, ¿todavía estaré dispuesto a seguir en la relación en mi estado actual? Cuando una persona vive verdaderamente desde el corazón, su interior se vuelve cada vez más claro y fuerte. Esa claridad no solo se refleja en la tolerancia y la compasión, sino también en la valentía de establecer límites, aceptar incomodidades e incluso optar por irse. Entonces, quizás entenderás que no todos los conflictos provienen de fantasías, ni todas las relaciones pueden soportar el crecimiento de una persona. La verdadera plenitud no consiste en que todos nos caigan bien, sino en no engañarnos a nosotros mismos ni forzar a nadie.