¿El activo digital de carbono, que se agotó en diez minutos: la primera moneda digital de crédito de carbono en el país, es una ruptura o una burbuja?

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Según un informe de Sina Finanzas del 20 de enero, Greenland Jinchuang Technology Co., Ltd. lanzó oficialmente ese día el primer activo digital en el país vinculado a créditos de carbono, y la parte destinada al público se agotó en solo diez minutos tras su apertura. Esta velocidad ha generado impacto en el cruce entre finanzas verdes y activos digitales.

Esta emisión es vista por la industria como un experimento clave de “RWA (activos del mundo real) + escenarios de consumo”: descompone el crédito de carbono, que tradicionalmente requiere un alto umbral profesional, en derechos digitales de 88 yuanes cada uno, vinculados a descuentos en hoteles y lanzados al mercado público. La respuesta entusiasta en “diez minutos” ha validado la viabilidad de este modelo para llegar a consumidores comunes.

Sin embargo, las celebraciones y las dudas suelen ir de la mano. ¿Podrá la escasez limitada a 500 unidades sostener una expansión a gran escala? En el diseño compuesto de “activo de carbono + cupón de consumo”, ¿cuál de los dos aspectos impulsa realmente a los usuarios a comprar? En un contexto donde los mecanismos de circulación aún no están completamente regulados, ¿podrá esta “calor” de diez minutos convertirse en una “temperatura” sostenible a largo plazo?

Intentamos ir más allá de la apariencia de “agotado”, analizando desde tres dimensiones: diseño del producto, lógica de mercado y riesgos potenciales, esta esperada primera emisión. Quizá no tenga respuestas perfectas, pero sin duda plantea una cuestión clave: cuando los activos profesionales intentan llegar al público general, además de “bajo precio” y “subsidios”, ¿cuál es la vía verdaderamente sostenible?

  1. La confianza en los diez minutos de venta: activos de carbono visibles en su base

La vitalidad de cualquier producto financiero o similar proviene primero de la autenticidad y la determinación de valor de sus activos subyacentes. La emisión de activos digitales por Greenland Jinchuang ha generado interés porque está estrictamente vinculada a un derecho ambiental tangible y certificado por autoridad.

Según la información de emisión, el activo subyacente corresponde a uno de los primeros proyectos nacionales de créditos de carbono en hoteles: la reducción de gases de efecto invernadero lograda por la remodelación energética del Hotel Greenland Boli en Xuzhou. Específicamente, mediante medidas como la transformación del sistema de agua caliente, reemplazo completo de iluminación LED y la instalación de dispositivos de recuperación de energía en ascensores, se mejoró significativamente la eficiencia energética del hotel. Tras un monitoreo y certificación rigurosos, el proyecto obtuvo una aprobación de reducción de 1301 toneladas de CO2 equivalente, lo que significa que cada tonelada de reducción corresponde a un ahorro de energía y beneficios ambientales reales, medibles y reportables.

No se trata de un concepto virtual ni de una promesa de beneficios futuros, sino de un “activo del mundo real” (RWA). En finanzas verdes, estas reducciones certificadas son en sí mismas un activo de derechos ambientales estandarizado, que puede negociarse en mercados específicos para compensar emisiones de empresas o particulares, cumpliendo con responsabilidades sociales o requisitos regulatorios. Según las instrucciones de emisión, cada unidad digital corresponde a 1 tonelada de crédito de carbono. En esencia, quien lo posea tiene un derecho digital registrado en blockchain o mediante certificados digitales, que representa la propiedad de estos derechos sobre activos de carbono físicos. Este diseño fragmenta las transacciones de carbono, que antes eran entre empresas o instituciones, en unidades más pequeñas y flexibles, abriendo la puerta a la participación pública.

  1. Desentrañando la triple estrategia detrás de la compra rápida: negociable, canjeable y consumible

Si la base sólida del activo es el cimiento del edificio, entonces el diseño del producto es la estructura y decoración interna que lo hace “vivir” y atraer flujo de personas. La propuesta de Greenland Jinchuang no es simplemente “digitalización de activos de carbono”, sino una estructura compuesta por “derechos de crédito de carbono + atributos financieros digitales + incentivos en escenarios de consumo”, intentando satisfacer diversas necesidades desde múltiples dimensiones y tejiendo un ciclo de valor perceptible.

Primero, la atribución de atributos financieros y de circulación, que es el paso central para “RWA”. Este activo digital se emite a un precio de 88 yuanes por unidad, con un total limitado a 500 unidades. Este precio y bajo umbral reducen la barrera de entrada para invertir en activos de carbono. Más importante aún, según información oficial, en el futuro podrá negociarse en la plataforma “GuoWen Digital Assets” de la Bolsa de Propiedad Cultural de Jiangsu. Aunque la liquidez inicial es incierta, esta planificación otorga expectativas de circulación en mercado secundario, dotando al activo de características típicas de un activo financiero: negociabilidad. Esto motiva a los compradores más allá del apoyo ambiental o consumo, considerando también la apreciación del activo o su liquidación, atrayendo a inversores interesados en activos emergentes.

En segundo lugar, y quizás lo más importante, la capacidad de redimir los derechos de carbono. Según las reglas, cada usuario que compre 10 unidades puede canjear los derechos en el Centro de Comercio de Emisiones de Carbono Greenland Guizhou. Este paso es crucial, ya que convierte un “símbolo digital” en un “derecho ambiental tangible”. Este centro, aprobado por el gobierno local, permite a individuos y organizaciones participar en transacciones de derechos ambientales, y los créditos canjeados pueden usarse para objetivos de neutralidad de carbono, transacciones secundarias o como prueba de contribución ambiental. Esto garantiza que el “núcleo verde” del producto no sea solo una frase vacía, sino un activo con aplicaciones reales y valor de mercado, cerrando el ciclo de valor verde y evitando que quede solo en concepto.

La tercera estrategia es un ingenioso incentivo de consumo y vinculación ecológica. Además del derecho de crédito de carbono, todos los usuarios que completen la compra recibirán una membresía G-Care de Greenland, con beneficios como un 15% de descuento en hoteles, acumulación acelerada de puntos y un cupón de 70 yuanes para alojamiento. Como explicó el personal de Greenland Jinchuang, esto es una habilitación del activo mediante “IP cultural y creativa”. La clave está en captar a un perfil de usuario sensible al precio y que valora la calidad de vida. Para ellos, el activo de crédito de carbono puede ser desconocido, pero los descuentos en hoteles y cupones son beneficios inmediatos y visibles. Es una forma de “embalar” o subsidiar la inversión verde con beneficios de consumo, reduciendo la barrera de decisión y transformando una acción de apoyo ambiental, que puede parecer seria, en una experiencia de “compra inteligente” o “valor superior” con retorno inmediato. Además, esto canaliza clientes hacia los hoteles de Greenland, logrando una conversión de usuarios y explorando un modelo de “finanzas verdes que retroalimentan el consumo real”.

Estas tres capas no solo se suman, sino que se potencian mutuamente: los atributos financieros atraen inversores, la redención de derechos verdes establece el valor central, y los incentivos de consumo amplían la base de usuarios y aumentan la fidelidad. Juntas, convierten un activo profesional en un producto “que rompe barreras”, explicando quizás el fenómeno de “agotado en diez minutos” desde una perspectiva comercial.

  1. ¿Se puede copiar el modelo tras el éxito?

El intento de Greenland Jinchuang, como una piedra lanzada en un lago tranquilo, genera ondas que ofrecen lecciones para todo el campo de RWA y finanzas verdes digitales, pero también revela desafíos y obstáculos en el camino.

Desde un lado positivo, ofrece ideas valiosas. Primero, explora una vía de “RWA+” para romper barreras. Para activos especializados como créditos de carbono, derechos de ingresos de infraestructura o facturas, es muy difícil llegar directamente al público. El modelo “RWA+ derechos de consumo” o “RWA+ habilitación cultural” ofrece un “caramelo” o “puente” para ampliar su alcance a consumidores finales. Indica que no es necesario que los usuarios entiendan toda la lógica financiera subyacente, sino que se puede aprovechar su valor inmediato y familiar. Segundo, muestra un marco de exploración regulatoria prudente. El producto no opera en una cadena sin regulación, sino que colabora con plataformas oficiales como el Centro de Comercio de Emisiones de Carbono de Guizhou y la Bolsa de Propiedad Cultural de Jiangsu. La primera garantiza la legalidad y credibilidad del canje de activos de carbono, la segunda proporciona infraestructura oficial para la circulación digital. Este “doble plataforma” ofrece una referencia para innovar dentro del marco regulatorio actual. Tercero, redefine la narrativa ESG de las empresas. Las inversiones verdes, como remodelaciones energéticas, suelen verse como costos o mejoras de imagen. Este modelo convierte esas inversiones en productos digitales comercializables, abriendo una vía para transformar gastos en nuevas fuentes de ingreso o financiamiento, pasando de “costos” a “creación de valor”, estimulando la innovación interna.

Pero, bajo el brillo, también hay sombras que deben ser analizadas con calma, relacionadas con la sostenibilidad y replicabilidad del modelo. El principal reto es la profundidad del mercado y la oferta continua. La escasez inicial de 500 unidades genera un efecto de “venta en segundos” y crea urgencia. Pero, si se normaliza y se emite en masa, ¿podrá el mercado absorber la oferta? ¿El costo de subsidios en beneficios de consumo será insostenible? Se necesita más datos a largo plazo. Segundo, el riesgo de doble volatilidad: el valor del activo depende del precio del crédito de carbono en el mercado y de la liquidez y precios en plataformas digitales. La interacción de ambos genera incertidumbre en el valor final. La comunicación sobre estos riesgos y la educación a los inversores son claves para evaluar la estabilidad del modelo. Tercero, la sostenibilidad del núcleo del producto. ¿Depende mucho del respaldo de la marca Greenland en los beneficios de consumo? Si se eliminan o reducen significativamente los descuentos en hoteles, ¿qué quedará del atractivo para consumidores comunes? Esto lleva a cuestionar si la ventaja competitiva real es el activo de carbono o simplemente los cupones de descuento. Si es lo último, el producto sería más una herramienta de marketing que una innovación financiera pura, y su supervivencia a largo plazo sería incierta.

Conclusión: un valioso experimento sobre “valor empaquetado”

En resumen, el éxito de Greenland Jinchuang en lanzar y vender rápidamente su primer activo digital de crédito de carbono va mucho más allá del éxito de un producto. Es una valiosa prueba de cómo digitalizar y fragmentar activos del mundo real, y “envolverlos” con valores inmediatos comprensibles y deseables para el público, logrando que lleguen a manos de la gente común.

El éxito se basa en elementos claros: un activo subyacente real y regulado; una estructura digital que permite pequeñas inversiones y circulación; un canal oficial para realizar el valor final; y estímulos de consumo que acercan a los usuarios. Demuestra que, con un diseño cuidadoso, los RWA pueden ser cercanos, divertidos e incluso “rentables”, rompiendo barreras de nicho.

Pero el experimento apenas comienza. Plantea preguntas importantes: ¿cómo se mantiene el valor cuando los subsidios desaparecen? ¿Cómo se escala sin saturar el mercado? ¿Qué pasa si muchos imitan? ¿Cómo se explican los riesgos complejos a los participantes?

Este caso establece un referente vivo para la industria. Es probable que veamos en el futuro más productos “RWA+” como “derechos de ingresos por estaciones de carga de vehículos eléctricos + cupones de carga”, “ingresos futuros de entradas a eventos + privilegios de asistencia”, “certificados verdes de energías renovables + descuentos en consumo eléctrico”, etc. Estos productos difuminarán la frontera entre inversión y consumo, integrando más la finanza en la vida cotidiana. La clave será si, tras la efímera fiebre inicial, logran construir ecosistemas saludables, sin depender excesivamente de subsidios, con riesgos y beneficios transparentes, y que generen valor real y sostenido para todos los actores (actores, plataformas, consumidores).

Para el sector RWA, el camino hacia el público puede estar pavimentado por estos “paquetes de valor” cuidadosamente diseñados. La gran cuestión será cómo entregarlos de forma segura y sostenible, una tarea que todos los profesionales deberán afrontar a largo plazo.

Fuente de algunos datos:
· “El primer activo digital vinculado a créditos de carbono en el país se lanza oficialmente”
· “Greenland Jinchuang establece mecanismo de créditos de carbono en el marco del Pacto Global de la ONU, reconociendo logros en ESG”

Autor: Liang Yu Revisión: Zhao Yidan

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