En 2014, el mundo cripto era en su mayoría una ilusión digital: las plataformas existían solo como líneas de código, sin huella física y sin que nadie atendiera el teléfono. Todo era misterio y silencio.
Pero algunos vieron una oportunidad en la legitimidad. Tomaron una decisión radical: abrir oficinas físicas, publicar números de teléfono reales, preparar café de verdad para conversaciones auténticas. Al reunirse cara a cara con los clientes en lugar de esconderse tras pantallas, cambiaron las reglas del juego sobre cómo podían operar los intercambios. Ese toque humano no era solo relaciones públicas; era la base de la confianza que la industria necesitaba desesperadamente en aquel entonces.
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GasFeeSobber
· hace4h
Ja, en 2014 realmente solo los jugadores se atrevían a tocar esas cosas, todavía no aprenden estos proyectos.
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New_Ser_Ngmi
· 01-14 05:40
¿De verdad? En aquel entonces, la confianza se ganaba con una taza de café, ¿y ahora?
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FlyingLeek
· 01-13 18:13
2014年 esa gente realmente se atrevió a jugar, toda la oficina con la máquina de café vale dinero
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rugdoc.eth
· 01-13 18:13
Sí, en aquel entonces fue una época de crecimiento salvaje. Mirándolo ahora, realmente tenían visión de futuro.
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QuietlyStaking
· 01-13 18:13
El café real genera más confianza que el código
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ChainDoctor
· 01-13 18:12
En 2014, realmente eran todas empresas fantasmas, ¿y ahora estos grandes exchanges se atreven a dejarte llamar por teléfono? ¿Je
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MysteryBoxOpener
· 01-13 18:02
En 2014, realmente creció de manera salvaje. Mirando hacia atrás, esas plataformas de intercambio que se atrevieron a abrir oficinas físicas, realmente ganaron a lo grande.
En 2014, el mundo cripto era en su mayoría una ilusión digital: las plataformas existían solo como líneas de código, sin huella física y sin que nadie atendiera el teléfono. Todo era misterio y silencio.
Pero algunos vieron una oportunidad en la legitimidad. Tomaron una decisión radical: abrir oficinas físicas, publicar números de teléfono reales, preparar café de verdad para conversaciones auténticas. Al reunirse cara a cara con los clientes en lugar de esconderse tras pantallas, cambiaron las reglas del juego sobre cómo podían operar los intercambios. Ese toque humano no era solo relaciones públicas; era la base de la confianza que la industria necesitaba desesperadamente en aquel entonces.